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historia de un ciego minimalista

Somos muchos los que tenemos historias interesantes de por qué empezamos a correr descalzo o con calzado minimalista, algunos lo han plasmado en un libro como Emilio Saéz en ‘La Aventura de Correr Descalzo’, y a otros lo hemos podido leer en nuestro foro. Sin embargo, hace día llegó a nuestro alcance la historia de un chaval inglés llamado Ruud, que quería compartir su experiencia con el calzado Vivobarefoot. Es una lectura muy inspiradora, por lo que le animó a tomar 5 minutos y echar un vistazo al artículo que ha redactado. Es ciego y es un estudiante de etnomusicología en la SOAS Universidad de Londres a la que asiste todos los días.

Conozco el movimiento minimalista – descalcismo desde hace algunos años, pero tenía dudas sobre si me podría adaptar a andar con lo mínimo o descalzo, ya que tengo problemas relacionados con el pie, principalmente pies planos y tobillos débiles.

A principios de enero me vino de nuevo a la mente y decidí que iba a comprarme un par de zapatos barefoot o minimalista. Después de algunas investigaciones me decliné por la marca Vivobarefoot; una empresa inglesa que ofrece una gran variedad de zapatos minimalistas para diferentes situaciones. Nada más ponermerlos y durante los primeros pasos supe que iban a cambiar mi vida, mucho más de lo que podría esperar.

¿Pero qué es el calzado minimalistas? El calzado barefoot o minimalista permite que sus pies se comporten de forma natural, como si estuvieran descalzos, ofreciendo protección contra objetos punzantes o ásperos y contra el excesivo calor o frío. Esto significa que sus pies están planos en el suelo, es decir, no tienen tacón y con suficiente espacio para que los dedos puedan flexionar y expandirse. No hay sistema de control de la pisada, ni amortiguación, y se basa en el principio de que la evolución de varios miles de años nos ha proporcionado pies que aportan estabilidad para poder movernos de forma bípeda. Consideremos los hechos, un solo pie tiene 28 huesos, cientos de músculos y más de 200.000 terminaciones nerviosas localizadas en la planta del pie. Estas maravillas biomecánicas son, por su naturaleza, fuertes, flexibles y capaces de enviar a nuestro cerebro mucha información sobre donde estamos de pie, ya sea caminando o corriendo. Según la ciencia, un asombroso 70% de toda la información que recibimos sobre nuestro entorno directo proviene de los pies, mientras que sólo el 30% proviene de la vista y del oído.

Hace casi 20 años, al iniciar mi entrenamiento de movilidad después de una pérdida completa de la vista, se me instruyó para usar toda la información sensorial disponible, incluyendo los pies, sin embargo desde que adquirí mi calzado minimalista esto ha adquirido un nuevo significado. Una de las primeras veces que salí a dar un paseo por los caminos de mi localidad, me detuve para realizar un rápido experimento: ¿cuántos pequeños guijarros sueltos puedo sentir bajo los pies? De repente, me sorprendió ser capaz de sentir con tanta claridad las pequeñas piedras bajo mis pies. Al volver a Londres, los pequeños rebose de las baldosas se convirtieron en un claro indicador. Por cierto, ese día empezó en -3 ºC y a lo largo del día subió hasta -1ºC, pero mis pies se mantuvieron calientes en todo momento.
Ser capaz de sentir estas baldosas con tanta claridad, significa que puedo reaccionar rápidamente a ellas y caminar con mayor confianza en mis rutas diarias.

Como resultado he ganado de uno a tres minutos del tiempo que empleo en caminar desde la estación de metro hasta la universidad, con el permiso del tráfico de Londres, por supuesto. Esta fluidez también se ha transferido tanto a escaleras manuales, como mecánicas. Al bajar las escaleras utilizo los dedos de mis pies para sentir los bordes de los escalones, lo que me ayuda a bajarlos con más confianza. En las escaleras mecánicas puedo sentir la división entre los pasos, lo que significa que puedo ajustar mi posición tan pronto como me subo. Estas mejoras han contribuido a reducir mi estrés diario.

Por otra parte, al tener mayor sensación del suelo puedo reaccionar más rápidamente a las superficies irregulares, por lo que me re-equilibro más fácilmente. Esto no fue tan evidente para mí hasta que estaba de pie en un tren de la línea Metropolitana, balanceándose y rebotando mientras iba de estación en estación, y me di cuenta de que estaba de pie mucho más seguro que cuando llevaba mis viejas botas de montaña. Recuerde que en el calzado minimalista los pies están planos en el suelo, con el talón y los dedos en el mismo nivel, que también pasa a ser el mismo nivel que el suelo, sólo hay entremedio unos pocos milímetros de zapatilla. Cuando el piso se mueve de una manera particular, también lo hacen los pies y el cuerpo reacciona casi instantáneamente para mantener el equilibrio. Cuando estoy de pie en el metro me sostengo con mucho menos esfuerzo e incluso puedo inclinarme hacia un lado sin temer a perder el equilibrio.

Hay un pequeño inconveniente. La mayoría de nosotros tenemos pies débiles e inflexibles; y no están acostumbrados a lidiar con el mundo exterior sin el apoyo adicional ofrecido por los zapatos convencionales. Para pasar a las zapatillas minimalista es necesario un período de transición. Algunos webs aconsejan dos meses, a menos que estés acostumbrado a caminar descalzo la mayor parte del tiempo, que fue mi caso. Aun así, desde que utilizo mi nuevo calzado minimalista mis pies y piernas se han vuelto más fuertes y más flexibles. Mis dedos han comenzado a estirarse y los arcos plantares se han ido pronunciado.

Desde ahora sólo usaré calzado minimalista, no sólo para dejar que mis pies se muevan de la forma más natural posible, sino también para mantener los beneficios de movilidad que os he comentado.