No sé si recordarán el artículo publicado en esta misma web que titulamos “El mito de la pronación“, en el que hablabamos de cómo el término pronación se había convertido en una especie de estigma o de característica negativa para el corredor, hasta el punto de que no sólo existía calzado específico para este tipo de pies anormales, sino que incluso la comunidad médica (podólogos y traumatólogos, en su mayoría), recetan plantillas o cuñas para curar o contrarrestar esta especie de fallo congénito. Aquel artículo resumía la idea de que la pronación no es otra cosa que uno de los movimientos naturales de las extremidades (inferiores y superiores), y como tal había de ser contemplado, y  por supuesto, nunca debía ser tratado como algo anormal o lesivo, ya que las extremidades de cada cuerpo (sin anomalías morfológicas) poseían este tipo de movimiento en su propia naturaleza,  es decir, no hay nada que corregir, contrarrestar o mejorar

También introducíamos el concepto “sobrepronación” como término más adecuado o sustitutorio a lo que comúnmente se conoce como pronación, justificando con esta palabra un poco más exacta, la supuesta desviación excesiva en los ángulos de movimiento de las extremidades. Más adelante volveremos a esta cuestión.

Invito a realizar una nueva lectura de aquel artículo al que desee refrescar conceptos, con el objeto de comprender mejor lo que decimos, y sobre todo lo que diremos a partir de ahora.

Sin querer ahondar mucho más en el asunto de cómo es entendida la pronación hoy día, simplemente añadiremos que las bases para cualquier estudio biomecánico dependen casi exclusivamente del concepto de pie ideal, inventado a principios de la década de los 70, y que se basa en que cuanto más neutra sea la posición de la articulación subastragalina, más ideal (o normal) será el pie, y todo lo que se aleje de esa posición se convierte en una desviación lesiva, es decir, cualquier pie que no se ajuste a dichos criterios será considerado anormal y con más tendencia a producir lesiones (debido a las compensaciones corporales durante la actividad física realizadas por el sujeto de manera inconsciente).

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Como dato curioso, cabe destacar que nunca ha existido ninguna investigación médica que corrobore científicamente esta absurda teoría del pie normal o neutro, pero lo que sí se ha demostrado es que la anatomía estructural de la articulación subastragalina humana varía de persona a persona así como que la ubicación del eje de dicha articulación varía igualmente; huelga decir que dichas variaciones influyen directamente en la magnitud de pronación y supinación de cada persona.

A la luz de este tipo de pruebas debería ser bastante erróneo presuponer que todos los individuos podrían o deberían correr o caminar de manera similar o idéntica (refiriéndonos a la posición ideal o neutra de sus extremidades), pero curiosamente, persiste la idea del pie ideal o neutro. Aunque no haga falta apuntalar esta teoría por su obviedad, simplemente bastaría con observar los datos recogidos de los distintos estudios biomecánicos o anatómicos realizados hasta la fecha, para encontrar que la media de las posiciones de las extremidades de los individuos, se corresponde con la de una pronación moderada, y no con la entendida por una posición neutral o normal.

Así que como resumen podríamos decir que:

  • La ambigüedad y la dificultad de medir o siquiera de catalogar el nivel de pronación de un individuo es enorme.
  • La relación entre pronación y nivel de lesiones está muy mal entendida.
  • El concepto histórico de “normal” (referido a la extremidad) es erróneo.
  • Las variaciones en los patrones de movimiento de las personas es alto (debiéndose entender esto como algo normal).

Una vez llegados a este punto, es justo y necesario hablar del término que introdujimos en el artículo citado anteriormente y que nos gustaría redefinir, la “sobrepronación”, pero eso será en la segunda parte de este texto…

Fuente:  http://www.sportspodiatryinfo.co.uk/

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