Continuación de la primera parte

Entonces, ¿qué significa “sobrepronación”?

Este término se utiliza habitualmente para un pie cuyo movimiento de pronación es “excesivo” o “más amplio de lo normal”. Generalmente conlleva una negatividad implícita y a menudo es tratado como patología con necesidad de corrección, e incluso en muchos casos se llega a utilizar como diagnóstico.

Si recordamos lo expuesto en parte anterior de este texto, nos damos cuenta de que la misma ambigüedad que existe para la pronación, está presente también en la “sobrepronación”. La única manera de poder afirmar con confianza y rigor que algo es demasiado o que sobrepasa lo normal es estar seguros de a qué nos referimos cuando hablamos de lo normal o lo correcto. Previamente dijimos que no había manera científica de determinar cuánta pronación es la que se considera normal, sobre todo porque las cualidades físicas individuales son demasiado grandes para poder generalizar, así que, si el término pronación no es correcto, ¿cómo iba a serlo el de “sobrepronación?…

Además de esta ambigüedad, el insistente uso del término como diagnóstico es desalentador. Son muchas las personas llegan a las clínicas de rehabilitación diciendo que les han diagnosticado “sobrepronación” y frente a esto sólo podemos recordar que como mencionamos antes, la pronación es un movimiento, nunca un diagnóstico. Por poner un ejemplo bastante común, imaginemos dos atletas diferentes pero ambos con una pisada de pronación severa (o “sobrepronación”). El atleta número uno sufre de dolores en la parte interna del tobillo, y el número dos, en la parte externa. Desgraciadamente, lo más normal del mundo es que se les diagnostique “sobrepronación” a ambos. ¿Cómo es posible que se trate el asunto de manera tan general con síntomas tan dispares?… Este ejemplo es una simple muestra de la realidad más cotidiana, en la que todos los dolores de pie o tobillo se agrupan en diagnósticos generales o convenientes (pronación, supinación,” sobrepronación”, etc.), demostrando así un simplismo absoluto y una muy pobre atención al paciente.

Otro aspecto curioso del asunto es el uso del término “sobrepronación” como el gran culpable o chivo expiatorio de todos los males en las extremidades del corredor. Con esto queremos decir que por norma general, y debido a lo extendida que está la falacia de la pronación y sus derivados, cualquier pie o extremidad que presente signos de pronación, y que duela o moleste, automáticamente se le echa la culpa a la pronación o a la “sobrepronación”, olvidando por completo la importantísima máxima de que la correlación no implica causalidad (Cum hoc ergo propter hoc).

sobrepronación

La realidad es que por el hecho de que un pie/extremidad inferior duela y esté en pronación, no quiere decir (aunque puede darse ese caso) que sea precisamente porque está en pronación. La observación completa del mecanismo de movimiento y de otros factores inherentes a él, es tan importante como la posición y postura del pie, y deben ser investigados de forma simultánea. Como curiosidad, no podemos olvidar que los datos que arrojan los diferentes estudios biomecánicos realizados, reflejan que la mayoría de la gente tiene un tipo de pie en pronación leve/moderada (en lugar de una alineación neutra que erróneamente se toma por “normal”)…

¿Entonces qué pasa con la “sobrepronación”?…

La cuestión se responde diciendo que de la misma manera que es incorrecto usar el término pronación como algo distinto de lo que es (movimiento), y que debería ser desterrado de los diagnósticos médicos, lo mismo debería ocurrir con la “sobrepronación”. Debería estar claro que se trata de un término que no contribuye en nada a nuestra comprensión, ya que no es definible, no es fiable o válido, no debe usarse como diagnóstico, y su relación con las lesiones no está lo suficiente clara (ni por supuesto demostrada). El término no debe ser reemplazado, debe ser eliminado. Y, ¿qué debemos usar en su lugar?: la respuesta es: nada. Sencillamente, la “sobrepronación” no existe tal y como se entiende hoy día.

Una forma más adecuada de avanzar con respecto a la evaluación y el tratamiento de las personas lesionadas, es localizar con precisión la estructura anatómica dañada (formular un diagnóstico), identificar las características estructurales y funcionales de los pies y las extremidades inferiores, determinar qué tipo y dónde se sitúa la tensión más probable que esté provocando la patología, y luego diseñar el plan de gestión para reducir dichas tensiones optimizando el tipo de movimiento (zancada, paso, etc.) en consecuencia.

Fuente: http://www.sportspodiatryinfo.co.uk/

1 Comentario

  1. El pie está diseñado para pronar, así cómo también para supinar. Cada movimiento tiene su función. Un pie bloqueado en pronación, o que no resupina inhibe ciertas funciones musculares que pueden derivar en dolor o lesión. De la misma manera un pie que no prona también aumenta el riesgo de lesión e impide una correcta contracción muscular. El mecanismo de pronación está diseñado para decelerar la inercia de nuestro centro de masas en movimiento, y esa es la función de toda la musculatura de nuestro pie. Por lo tanto un pie neutro, a mi modo de ver, más allá de si está más o menos pronado sería aquel capaz de pronar y resupinar correctamente y así facilitar la correcta activación de todas las cadenas musculares que se asocian con estos movimientos.

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