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Con este artículo comenzamos una serie destinada a explicar, de forma somera, las distintas partes del sistema músculo-esquelético del cuerpo humano utilizadas para desplazarnos en la distancia.

El pie humano es una estructura tridimensional variable formada por huesos, músculos y otros tejidos conectivos. Está constituido por 28 huesos, 33 complejas articulaciones, más de 40 músculos y tendones y alrededor de cien ligamentos.
En posición bípeda, es la única parte del cuerpo en contacto con el suelo y actúa como base del servomecanismo debido a la propioceptividad originada en la planta del pie.

Una cuarta parte de los huesos del cuerpo se encuentra en los pies. Su estructura ósea es peculiar por que se asemeja a un puzle que puede ser dividido en diferentes secciones y de hecho existen varias formas de clasificar sus huesos. Tradicionalmente tarso, metatarso y dedos serían las tres regiones; pero la didáctica actual prefiere emplear la idea de antepie o pie delantero, mediopie o pie medio y retropie o pie trasero:

  • Pie delantero, formado por las 14 falanges (dedos) y 5 huesos del metatarso. Los metatarsos forman un puente entre el pie medio y las falanges, que se extienden cuando el pie soporta el peso.
  • Pie medio, constituido por 5 tarsos: escafoides, cuboides y las tres cuñas (cuneiformes).
  • Pie trasero, por los 2 restantes tarsos, calcáneo y astrágalo. Esta parte está conectada con dos huesos largos de la pierna (tibia y peroné), formando la articulación que permite al pie moverse hacia arriba y hacia abajo.

Para mover, soportar y mantener la  posición de los huesos existe una red de músculos, tendones y ligamentos.
Los músculos tienen varias funciones importantes. Mueven los pies, levantan los dedos, estabilizan los dedos en el suelo, controlan los movimientos del tobillo y soportan el arco. En la figura se pueden ver los principales músculos que intervienen en el movimientos de los pies.
La flexión/extensión del pie la realiza la articulación  tibiotarsiana. Las caras de esta articulación se hallan constituidas: la superior por la tibia y el peroné y la inferior por el astrágalo. Este tipo de articulación no permite movimientos de lateralidad. El movimiento de flexión dorsal del pie es efectuado por los siguientes músculos: tibial anterior, extensor largo del dedo grueso, extensor largo de los dedos y el peroneo anterior.
El movimiento de flexión plantar es un poco más complejo e intervienen la serie de músculos que se podemos ver en la figura.
Los movimientos de lateralidad del pie (pronación/supinación) se realizan a cargo de la articulación del tarso. Los músculos encargados de la pronación son los peroneos. Mientras que los encargados de la supinación, son los tibiales anterior y posterior, el extensor largo del dedo grueso y el tríceps sural.

Los tendones conectan los músculos con los huesos y las articulaciones. El más grande es el tendón de Aquiles, que se extiende desde el músculo de la pantorrilla hasta el talón; y permite correr, saltar, subir escaleras y ponerse de puntillas. Los ligamentos mantienen los tendones en su lugar y estabilizan las articulaciones. Se trata de tejido conjuntivo que rodea o engloba a todo lo demás, permitiendo mantener su estructura y conectando entre sí a todas las partes del organismo. Es el caso de la fascia plantar que rodea a todos los elementos que conforman el pie.  Así, todos los huesos, músculos, tendones y ligamentos del pie están estructurados para trabajar juntos en la distribución de las fuerzas originada en el desplazamiento de modo que no suframos lesiones ni dolor.

Cuando caminamos, los pies son nuestro único punto de contacto con el suelo, por lo que es la primera parte de nuestro cuerpo que siente las fuerzas generadas al caminar. Se utilizan para la locomoción y desempeñan las distintas funciones:

  • Actúan como amortiguadores
  • Nos ayudan a mantener el equilibrio sobre superficies desiguales
  • Nos proveen de la propulsión, elasticidad y flexibilidad necesarias para caminar, saltar y correr

Cuando caminamos o corremos, el pie pasa por dos fases: la fase de contacto (cuando está en el suelo) y la fase de balanceo (cuando está en el aire). Si el pie aterriza en el suelo de forma incorrecta,  la fase de contacto se convierte en una etapa crítica y entonces soporta tensiones que pueden causar dolor y lesiones.

Desde un punto funcional, se distinguen en el pie dos tipos de articulaciones: la de movimiento, constituida por el tobillo y las articulaciones de los dedos (en rojo en la figura) y la de amortiguación, formada, sobre todo, por las articulaciones del pie medio.

Revisado por profesional sanitario.